Saturday, March 29, 2008

Bitácora del Campo de Batalla

5 días sin actividad aparente. Todo tranquilo, sospechosamente tranquilo. Eventualmente llega el día en que hay que enfrentar lo inevitable.

Minutos antes el nerviosismo se apodera de mis venas, y recorre mi cuerpo por completo.

Un horrible sonido alerta el comienzo del holocausto:

“¡Está servido!”.

Mientras mis piernas se dirigen a la indiferente y fea habitación mi espíritu intenta inutilmente dar la vuelta y huir lo más lejos posible. Se reúnen los bandos repartidos por el campo de batalla. Llega el alimento que intentaré eliminar lo más rapido posible y largarme de ese infierno. La tensión del silencio es perturbante.

Luego de unos minutos, concentrado en mi labor de hacer el trámite lo menos doloroso posible y volver al refugio, mis planes son interrumpidos por uno de los mandamases del bando enemigo. Abriendo el primer fuego que marcaría el desenlace del conflicto.

-¿Y, cómo te ha ido en la U? .-Dispara la astuta soldado. Con falso interés, demostrado en la carrera armamentista durante toda la semana, donde no existió junta diplomática alguna, da comienzo a la batalla.

-Bien. – Esquivo ágilmente, dotado de la experiencia de años bélicos.

- Ah.

La frustración del primer movimiento se nota en su voz. Sin embargo, persiste:

- ¿Y cómo son tus profes?.-

- Buenos.-

Una gota de sudor corre por mi frente mientras mastico lo más veloz que puedo.

- ¿Pff, pero dime alguno como es po?. – Olió mi temor y descubrió el eslabón débil. Sé que atacará por ahí pero ya no puedo hacer nada para evitarlo. Sus camaradas miran atentos y vigilan cualquier vía de escape, haciendo imposible mi retirada. No me queda más que seguir.

- No sé, matemático, como canchero, creído.-

Un silencio eterno se apodera de la situación. El tiempo parece detenerse mientras mis piernas temblorosas me advierten que el error cometido me costaría caro.

Una mezcla de molestia por el comentario y sonrisa por mi casi auto-aniquilación resplandecía en su rostro.

-Este weon conoce 1 matemático y ya generaliza.

La batalla ha sido declarada. Y el vencedor ya todos lo conocemos.

Antes de poder idear un plan para salir con la menor baja posible, mi único aliado, aunque indeseado, levanta sublebáticamente la voz.

- Ay pero es que quizás es así, o sea, el tipo es así y los matemáticos son pesados y.....-

Ya todo estaba perdido. Mi único apoyo nuevamente acababa de enterrar cualquier posibilidad de estrategia y salvación. La perdición se veía inminente.

Reflejamente y con una habilidad impresionante otro integrante del bando enemigo entra a la acción, motivada por la molestia ante el pésimo apoyo otorgado por mi aliada.

- En todo caso, si alguien conoce matemáticos, es la Ángela, no tú...-

Miraba mi plato, que aun con comida, me presagiaba otro sábado sangriento. Nuevamente estaba solo, mi aliada se había marchado y el bando enemigo había tomado sus palabras como mías. Ahora el blanco por su error era yo.

Ahora juntas contra mí, y con el crimen cometido por mi desertora en mi contra, el fuego era incesante. Y mi fortaleza caía velozmente.

Pero no podía rendirme sin honor. Levanté la vista y disparé, cual carne de cañón:

- Yo ni siquiera dije que todos lo eran. Ya le están poniendo color y se pusieron antipáticas. –

Bastó aquel pequeño contraataque para levantar al Gran General de su puesto de observación. Dejó el tenedor en la mesa, tragó en el estado que estuviese lo que tenía en la boca y se levantó de golpe, con la estricta mirada en lo que quedaba de mi batallón, mientras yo analizaba el campo de batalla: 3 contra 1.

- ¡¿Cómo se te ocurre venir a faltar el respeto, weon? ¿Por qué mierda siempre contigo es pelea? ¿Por qué no puedes ser alguien normal?! ¡No se puede hablar contigo!

Las soldados celebraban la victoria con un sonrisa mientras la bomba aún caía contra mis restantes civiles.

Era el fin de la batalla. Había sido nuevamente aniquilado.

Y como cada sábado me levanté de la mesa, y me marché al amparo de una puerta y cortinas cerradas. Mientras el bando ganador disfrutaba el resto del almuerzo.

Friday, March 07, 2008

Érase una vez.

Érase una vez un hijo ingrato.

Producto de una madre hipócrita y un padre indiferente.
Érase un campo de batalla, en cada hora y cada ambiente.

Érase dos hermanas que unidas hacían guerra al invasor.
Éranse unos progenitores que apoyaban la moción.

Érase un tempramento fuerte provocado por la guerra.
Érase una infancia solitaria, ahogada en la pena.

Érase un almohada mojada y unos ojos caidos.
Érase un dolor, un sufrimiento inmerecido.

Érase un escondite y un refugio en la esperanza,
Éranse las balas de actitud
es y palabras.

Érase el completo abandono emocional.
Érase la falta de ayuda, y la lucha indivual.

Érase un mundo que no quiso comprender.
Érase un repudio excesivo al ayer.

Érase una espada rota, y cuchillos en la espalda.
Érase el veneno en la copa hecha de plata.

Éranse las alas, rotas por el rechazo.
Érase la nada cuando requería un regazo.

Érase la vida, en busca de la muerte.
Érase el brillo en los ojos del imberbe.

Érase el cariño, en la simple compañía
Érase todo lo que este hijo pedía.

Érase la marcha, sin siquiera despedida
Érase el olvido que inevitable este ocurría.

Érase el paso lento, por un nuevo camino.
Érase la busqueda, del que no posee destino

Érase la idea de que quizás todo cambie.
Érase el legado de tantos años de sangre.

Érase un lugar, donde descansar el alma
Érase un amigo que me entregaba calma.

Érase un nuevo rostro, inagurado con sonrisas.
Éranse los tiempos de una nueva brisa.

Érase el recuerdo de heridas que aun duelen.










Son ahora las ganas de que el viento pronto vuele.