Carta a la Luna
Querida Amiga:
Debido a los últimos sucesos, de los cuales supongo ha estado enterada, me veo obligado a informarle de su terrible e inevitable destino.
Por favor no crea que estoy de alguna forma, por remota que sea, conforme con la decisión que he tenido que tomar.
Talvez lo mejor sea no hacer más rodeos e irme directo al grano, como alguna vez en aquellos tiempos de antaño acordamos que sería si algo como esto llegase a pasar.
Lamentablemente, ha llegado el momento, y en honor a nuestra amistad quisiera pasar por este desfortunio lo más rápido posible.
Seguro estoy, que tal como yo, ha presenciado los propósitos que nos han llevado a esta incómoda situación. Los esfuerzos con el tiempo se hacen más difíciles y, a la vez, más inútiles. Éstos, casi inservibles, no tienen efecto ya ante las consecuencias a las que nos vemos enfrentados.
No cabe duda que esto no es de ninguna forma en que se mire culpa de usted. Su trabajo hasta ahora ha sido irreprochable, lo cual aumenta más el dolor de mi mensaje.
Pero como podrá haber visto han habido cambios de tipo irreversible, ante los cuales estamos indefensos y no podemos hacer nada mas que abstenernos a las consecuencias de los últimos hechos.
Puedo afirmar con solidez que sus servicios, siempre presentes y de indudable calidad, ya no son sólo malagradecidos, sino incluso ignorados.
Me duele muchísimo ver esta situación y quizás, por dolorosa que pueda ser la solución, no vale la pena seguir con esta carga que se ha vuelto una campaña inútil y pesada para usted.
Ya no hay canciones de amor. Ya no hay largas caminatas.
Nadie ve el rostro de su amado y los solitarios ya no escuchan.
Nadie recurre en los momentos de nostalgia y han dejado de parir las poesías en su nombre.
Nadie aprecia su luz ni la aprovecha de guía en la oscuridad del alma.
Ya todos han olvidado. Y si algun alma quedase que recuerde su valor, la incomprensión del resto y su propia soledad lo hará abandonar sus sueños como a tantos otros.
Los tiempos han cambiado y ya no somos lo mismo.
Por eso, ante su dolor, y aún más el mío, me veo forzado a pedirle, como Astro Superior, que abandone su labor y se entregue a la resignación de desistir, y dedicarse a tan merecido descanso que le pertenece, por siglos de inspiración desinteresada.
Se despide agradecido,
El Sol.

