Sunday, December 30, 2007

Por supuesto

Habitaba un hombre a la orilla del mar, sin embargo, nunca se había atrevido a navegar. Temía de los seres mágicos de las aguas. Un día se le acercó otro hombre, y le dijo:


-Ingenuo, no creas cualquier cosa. En el mar no hay criaturas mágicas. vamos a navegar.-

El primero preguntó:

-¿Y que hay mas allá del horizonte?-

-Pues un abismo infinito.- Y siguieron navegando.

Volvieron a la orilla, Y un tercer hombre se acercó al segundo.

-Tonto. – Le dijo. – No inventes lo que no sabes. No hay un abismo, sólo mas agua. Vivimos en una enorme esfera.-

-¿Y qué hay fuera de la esfera?- Le preguntó éste.

- Pues están los espíritus de nuestros antepasados que nos iluminan en la noche y deciden nuestro destino.-

Al decir esto, se acercó alguien y le increpó:

- ¡Estúpido!. Hasta donde llega la idiotez humana. Mas allá de nuestro planeta hay otros planetas y constelaciones dentro del espacio.

-¿Y que hay más allá del espacio?-

A lo que éste respondió:


Dios, por supuesto.


Friday, December 21, 2007

Ephemeral

Cada vez que la gran bola se marchaba, se dejaba llevar por sus sueños.

Al otro día, la gran bola regresaba por el otro lado y saboteada vez tras vez sus planes.
Su poder inevitable le iba secando. Pero no quería dejar de soñar.

No soñaba lo mismo que los otros. No soñanaba extensos prados verdes ni largos tallos, gruesos troncos y abejas por doquier.

Siempre había soñado con volar.

Volar alto y lejos, recorrer los prados mas allá de donde la gran bola se escondía, sentir el viento de forma distinta.

Pensaba cada noche que este no era su destino. Que debió haber sido un ave. Si, estaba seguro que debía haber sido un ave.

Los otros se burlaban de él, que le pasaría lo mismo que a todos. Era el ciclo. Los más desteñidos, producto del incontenible tiempo, lo miraban con lástima melancólica.

Pero a él no le importaba. El quería volar.

Pasó el tiempo y los mas viejos se fueron muriendo. De a poco el mismo fue siendo invadido por el café y el rojizo, inevitablemente. No podía hacer nada.

La gran bola nunca faltó a su trabajo, ni siquiera un día, no importase cuanto lo deseara, aquel gran astro dejaría de pasar por sus cabezas, sólo para esconderse un momento antes de retornar, como ya hacían varios meses.

Y fue pasando el tiempo, lento como siempre. Cada vez estaba más debil. Ya aquel verde de juventud era sólo un recuerdo.
Cada vez bebía menos, no porque no quisiera, sino porque ya no le daban. Ya ninguno recibía agua. Como si estubiesen de pronto condenados por un delito que nunca se cometió.

Estaba cansado, sin ánimos y cabizbajo. Él, que siempre buscó estar a la altura de sus hermanas aves, yacía ahora torcido en dirección al suelo.

Sin embargo, seguía soñando con volar. Pero no era ave. Nunca dejó de hacerlo. Pero era inherente su trágico final.

Esperó los últimos días, observando sólo el piso por su nuevo estado. Llevaba días sin ver un ave volar. Tan sólo veía a sus compañeros adelantarse en la tarea maldita. Aunque no veía ya la gran bola, sentía su calor, que se había vuelto doloroso y torturante.

Su última noche no soñó nada. Por primera vez en su vida no soñó que volaba.

Despertó sabiendo que era su día. Bastó un poco de brisa para que su último trozo de agarre quebrara y se viera lanzado a su propio destino.

Un viento piadoso lo acunó varios metros antes de caer. Su cuerpo chocó brutalmente contra el piso. Aunque nadie lo notara. Su espíritu tomó un ultimo respiro y sonriendo se desvaneció para siempre.

Había volado.








Algunos sádicos juegan riendo con los cadáveres acumulados que dejó aquel ahora desnudo árbol. Otros aborrecen y los juntan para destuir los restos de su existencia.

Nadie tiene idea qué soñaban cada noche al ocultarse el sol.
Ninguno guardó respeto por las almas de estos pobres, derrotados sobre los vestigios del verano.

Y el viento nuevamente se las lleva.

Sunday, December 16, 2007

Un Miguel Cualquiera

Si, son frases cliché. Si, es la misma excusa de siempre y de todos.
Pero que esperan? Si soy en efecto otro engendro más de un cromosoma con problemas. Soy un Miguel cualquiera, y cometo los errores de cualquiera.

Hablo de más, e irónicamente hablo en opuesto a lo que hago.
Guinda, debo caer en el doble de errores que lo normal.

Ok ok, soy un fiasco. Un enorme y terrible fracaso. Y no importa si los que quedan que aún creen en mi no están de acuerdo. Denme un poco de tiempo y sin darme cuenta los haré cambiar de opinión.
No lo hago a propósito, simplem
ente soy un tonto. Uno de los grandes. Y me dicen que atine, y quiero atinar, intento atinar, me esfuerzo en atinar...pero no atino.

Y vuelvo a cometer otra estupidez.

Que este weon no aprende? Así parece. Y ya lo detesto. Me detesto. Aunque tienen que admitir siempre he tenido la razón en una cosa, quizás la unica, es que soy Una Mierda de persona.

La mayoría asiente la cabeza, unos pocos lo hacen con tristeza y decepción, menos aún todavía dominan el movimiento horizontal de cabeza. Pero ya dije, y verán. Y se daran cuenta, y sentirán lástima. Hey, es normal, ya son muchos. Saque número.

Curioso es siempre he querido pensar que soy más que un miguel cualquiera. Que talvez soy un miguel especial. Así me sentí mucho tiempo, y aun quedan vestigios de aquello, pero la realidad se contrapone. Mis pensamientos sucumben ante mis acciones. No es que yo quiera, insisto. Me duele a mi tanto como a los antiguos valdres que se van resignando a la triste realidad. Pero es que no lo controlo. En serio. Son accidentes que no sé por qué pasan, ni como detenerlos. Es que en serio no sé. Pero a quien importa eso. De que sirve eso. Los cometo igual. Y los seguiré cometiendo sin querer ni saber.

Lo que más me molesta, sin embargo, no es romper mis propias expectativas sobre mi mismo. Ni siquiera es el error en sí. Es lastimar a los valdres, que han significado quizás el único pilar que me viene quedando que me mantiene sostenido a esta dimensión, y quienes se toman muy personal cada estupidez que hago, por su mismo labor de valdre. Lo siento mucho. No saben cuanto. Más que por mi, más que por cualquiera, es por ustedes, es por ti. Que has confiado en mi, has creido en mi, y una vez tras otra, tras otra, tras otra....

Y no aprendo! Por qué no aprendo!

Quiero aprender. En serio que sí. Pero les hago daño. Y sufren algunos mientras otros desaparecen y se vuelven valdres jubilados, rendidos ante la imposibilidad de lo que esperaban. Gracias por confiar en mi. Pero ya ven, pierden su tiempo. No siento merezco su perdón. Ni siquiera su cariño. Pero si les pido que entiendan que en ningun momento lo hice por maldad. Nunca. Son involuntarios, son arrepentidos, son dolorosos.

Parece que en verdad no soy especial. Quizás no hay un corazón distinto dentro mío.


Parece soy simplemente

un miguel cualquiera.