Thursday, September 13, 2007

Me ataca una voz

Aquella voz de la incertidumbre y el miedo que solo intenta ahogar las esperanzas junto con la espontánea felicidad bajo el manto de la nostalgia y el desencanto. Como pequeños detalles pueden alterar tu visión de la realidad, y hacernos creer cosas que no veíamos antes. La cadena de problemas, discusiones y penas, provocadas por un solo movimiento de esta voz maldita que quiere aniquilar los sueños. Es la gran despertadora, a una realidad oscura y patética.

Y oscilo entre la alegría y la tristeza, producto de esta áspera voz que me dice que no va a funcionar. Que me dice que la cosa es de uno. Que soy solo yo el motor de algo que debiera ser de a dos. Y quizás así es, pero he aprendido que no hay sino ese proceder distinto, Que así es como parte, para aquellos como yo, y así es como se mantiene todo en pie. Que a veces algunos sueños deben ser sacrificados para poder seguir soñando. Y así será, concilio, por mucho tiempo más.
He aprendido a vivir con esto, lo suficientemente bien como para haberlo disfrazado desde un problema a solo un detalle superado. Sin embargo, la voz sigue ahí, y no dejará de corroer el espíritu hasta lograr su objetivo.
Y ahora, precisamente me molesta, usando las dos armas más poderosas que tiene.

Me dice que no va a funcionar. Que el tiempo es corto, limitado, escaso, difícil y con el correr del reloj solo empeorará. Que no se puede mantener una flor viva si no hay tiempo para regarla, y que esta se irá marchitando, lentamente, hasta morir. Viviendo sus últimos meses en agonía silenciosa.

Le digo que no. Que eso lo pensé, que eso no me importa. Que habrá una manera, que la encontraría, la crearía. Que sí hay, que se puede. Que no dejaré que se marchite tan bella flor por no darle la luz que necesita.

Y aunque funcionara, me dice, es solo porque la riego, la mantengo viva. Aquella flor no quiere vivir, y yo solo mantengo en pie una relación que nunca ha querido ser. No está viviendo, sino por mi insistencia. Una resignación callada, una aceptación fría a una realidad que no desea realmente, pero que no puede cambiar. Quiero no creerlo, pero veo aquellos pétalos tristes y me pregunto que si les diera una oportunidad, querrían vivir de verdad, no puedo dejar de imaginar que moriría si pudiera, que solo yo la mantengo viva.

Y ahí es cuando vuelvo a perder las esperanzas. No veo salida ante las murallas que me pone mi propia consciencia. Me siento encerrado en argumentos de penumbra que me hieren con lo que mas temo. Y me dan ganas de estar solo, pero me siento muy solo como para estarlo, Y sucumbo. El miedo de probar si lo que me dicta mi verdugo es cierto me inhibe completamente, me paraliza. Aquel intento podría ser un alivio o una perdición. He optado quizás por el beneficio de la duda, y por el ignoro a las incertidumbres, en vez de quizás hacerlas realidad. Y vivo en este estado, de parcial alegría, nunca pudiendo ser totalmente feliz, por miedo a llegar a ser totalmente miserable. Tengo miedo a que sean reales, no quiero que lo sean, pero la mediocridad no es un producto amable tampoco. Y no sé que hacer, en verdad no lo sé. No quiero dejar de regar aquella flor, quizás sí se dejará morir. Pero no quiero seguir regándola en contra de su verdadero querer. No quiero que se muera, tampoco que viva infeliz, resignada.

Y sigo anhelando esos pétalos dulces que claman por un final feliz. Que no he podido dárselo, para goce de la maldita voz en mi interior.

Y mientras una parte de mi me dice que de nuevo estoy repasando en mi cabeza imaginarios y exageraciones, la otra insiste, con hechos, en su teoría de mi estupidez.
Para ser feliz hay que pensar menos y disfrutar más. La otra se ríe y me sentencia a que nunca podré serlo. Tengo temor que muera este sueño, no quiero despertar en aquella fría celda, solo, oscuro, desarraigado. Quiero seguir soñando que no es sólo cosa de uno. Que no es el momento actuando sobre ella sino sentimientos reales. Que aquella flor sí quiere vivir, y que clama cariñosa por el agua que la mantiene viva. Y quiero poder ayudarla, que no existan murallas, barreras, tempestades, pestes o relojes que nos detengan, para que crezca bella y gloriosa.

Quiero que me quieras.


Quiero sentirlo en mi piel, y saborearlo en tus ojos. Que una mirada rompa la barrera del silencio, y hable por palabras. Que un abrazo diga todo, y un “te quiero” lo confirme. Un “te extraño” me lleve hasta ti, y un “nos vemos” nos aleje, pero sólo por un momento. Efímero, grotesco. Que un “ven” levante mi cuerpo y lo eleve hasta el cielo, que un beso me lleve al paraíso. Apretarte contra mi pecho y sentir tu respiración en mi oído. Que tus problemas se conviertan en míos, y juntos encontrar la redención. Unos ojos cómplices me llamen y me encierren en tus brazos, donde no importa el donde, cuando ni el porqué, sino sólo aquel par de corazones latiendo juntos, uno por el otro.

1 Comments:

Blogger Aureliano Laferte said...

chuata!
valeratiratotraasdasd

10:26 PM  

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